Episodio 50 – Matrimonio Sin Filtro

La clave para sanar y restaurar el amor

El perdón es uno de los regalos más difíciles de dar, especialmente dentro del matrimonio. Cuando compartimos la vida con alguien, existe una confianza profunda que también nos vuelve más vulnerables; es por eso que las palabras, actitudes y decisiones de nuestra pareja pueden herirnos con facilidad. Allí es cuando el perdón entra en acción, una decisión impulsada por nuestras creencias y no por nuestros sentimientos. 

El matrimonio: el gimnasio del perdón

El matrimonio es, sin duda, el lugar donde más practicamos el perdón. Es ese “gimnasio” donde entrenamos para resolver nuestras diferencias, desacuerdos y las tensiones del día a día. Esas son oportunidades para crecer y madurar en el amor.

Cuando aprendemos a perdonar en casa, estamos siendo entrenados para extender gracia también en nuestras otras relaciones: con amigos, familiares, compañeros de trabajo y la comunidad. 

El perdón es una idea de Dios

Perdonar no es simplemente una buena práctica emocional; es una idea de Dios. Efesios 4:32 nos recuerda: “Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón y perdónense unos a otros, tal como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.”

Dios nos creó con la capacidad de perdonar porque Él mismo nos dio el mayor ejemplo. A través de Jesús, recibimos el regalo del perdón y, junto con él, la capacidad de extender ese mismo perdón a otros.

Perdonar no siempre es olvidar

Muchas personas dicen: “yo perdono, pero no olvido”. La realidad es que el perdón no siempre borra el recuerdo, pero sí sana el corazón. Con el tiempo, aquello que dolía profundamente deja de tener poder sobre nosotros. El recuerdo puede permanecer, pero ya no gobierna nuestras emociones ni nuestras decisiones.

Perdonar es quitar el veneno de la ofensa. Es permitir que Dios sane las heridas para que podamos seguir adelante con un corazón libre.

El perdón es una decisión, no un sentimiento

Uno de los mayores errores es esperar a “sentir” perdón. En la mayoría de los casos, el perdón comienza con una decisión. Jesús lo dejó claro cuando respondió a Pedro que no debía perdonar solo siete veces, sino setenta veces siete.

Nos daremos cuenta que en el matrimonio perdonar es una práctica diaria. Implica hacer lo contrario a lo que nuestra carne desea y elegir la gracia, la bondad y la humildad, aun cuando no sea fácil.

El perdón trae sanidad y restaura el amor

Proverbios 17:9 dice: “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.” Cuando el perdón se practica de manera constante, el amor crece y la relación se renueva.

Por el contrario, cuando las ofensas se acumulan, pueden levantar muros que dañan la amistad y la intimidad en el matrimonio. El perdón rompe esos muros y abre espacio para la reconciliación, la paz y la sanidad emocional.

Si evalúas tu relación, ¿encuentras áreas que han sido afectadas por ofensas que te hicieron? Puede ser tu pareja como también personas de tu pasado. 

Reflejar a Cristo en nuestro matrimonio

Nuestra misión como cristianos es reflejar el carácter de Cristo. Jesús nos dio el mayor ejemplo de perdón aun en medio del dolor y la injusticia. Cuando perdonamos, no solo sanamos nuestra relación, sino que damos testimonio del amor de Dios.

Si estás pasando por un momento difícil en tu matrimonio, recuerda esto: El perdón, guiado por Dios, tiene el poder de renovar completamente tu relación.

Hoy puede ser un buen día para mirar a tu esposo o esposa, expresar perdón con humildad y sembrar una semilla que dará fruto de amor, paz y restauración en tu hogar.

 

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