Cuando pensamos en lo que más puede destruir un matrimonio, probablemente pensamos en la infidelidad, las mentiras, los problemas económicos o la falta de comunicación. Y sí, todas estas situaciones pueden causar heridas profundas. Pero ¿qué pasa con aquello que no se ve?

Hay enemigos que no llegan haciendo ruido. Se instalan poco a poco, casi sin que nos demos cuenta, y comienzan a debilitar la relación desde adentro.

Es como un puente que por fuera parece estar en perfectas condiciones, pero cuya estructura interna está corroída. El problema no está en lo que todos pueden ver, sino en aquello que nadie está mirando.

En el matrimonio puede suceder lo mismo. Hoy queremos hablarte de tres enemigos silenciosos que pueden destruir un matrimonio: el desprecio, la indiferencia y la desconexión.

Pero también queremos recordarte algo: no importa dónde esté hoy tu relación, siempre puedes comenzar a hacer algo diferente. Porque un matrimonio sólido no sucede por casualidad. Sucede cuando ambos deciden caminar juntos con Jesús en el centro.

1. El desprecio: cuando dejamos de ver lo bueno

El desprecio mata lentamente el amor. Comienza cuando dejamos de mirar a nuestro esposo o esposa con admiración y empezamos a verlo desde una falsa sensación de superioridad. Cuando usamos frases como: “Siempre hace lo mismo”, “Nunca me entiende”, “Qué exagerado” o “Yo lo haría mejor”.

Quizás nunca decimos estas palabras en voz alta, pero cuando las repetimos constantemente en nuestra mente, terminan cambiando la manera en la que vemos a nuestro cónyuge.

Y cuando cambia nuestra mirada, también cambia nuestra manera de tratarlo. Ya no corregimos desde el amor, sino desde la superioridad. Ya no buscamos construir, sino demostrar quién tiene la razón. Por eso vale la pena preguntarnos:

¿Estoy comenzando a asumir lo peor de mi esposo o de mi esposa?

Proverbios 18:21 nos recuerda que “la muerte y la vida están en poder de la lengua”. Nuestras palabras pueden destruir, pero también pueden dar vida. Por eso, en lugar de alimentar el desprecio, podemos cultivar la gratitud. Dile gracias, reconoce su esfuerzo y no olvides decirle que lo admiras.

Hazle saber que ves todo aquello que hace por ti y por tu familia. El antídoto para el desprecio es aprender a ver y declarar lo mejor. Esto no significa ignorar los problemas. Significa que, aun cuando hay algo que corregir, decidimos hacerlo desde el amor y la honra.

2. La indiferencia: cuando dejamos de luchar por nuestro matrimonio

Hay matrimonios que no pelean. Pero eso no siempre significa que estén bien, a veces dejaron de pelear porque también dejaron de intentar.

La indiferencia puede ser más peligrosa que una discusión porque, mientras existe un conflicto, todavía puede existir un deseo de resolverlo. Pero cuando llegamos al punto de decir “ya no me importa”, algo dentro de la relación comienza a apagarse.

Piensa en una fogata, para mantenerla encendida hay que seguir agregando leña. Si dejamos de hacerlo, poco a poco la llama se apaga. El amor también necesita leña, tiempo, conversaciones, abrazos, palabras de afirmación, detalles inesperados. Momentos para volver a mirarse y recordar por qué decidieron caminar juntos.

No permitas que la rutina te convenza de que ya no vale la pena intentarlo. Pelea por tu matrimonio. Sigue echando leña al fuego.

Tal vez no necesitas hacer algo extraordinario. Quizás puedes comenzar con algo pequeño: un abrazo, un “gracias por todo lo que haces” o una conversación sin celulares. Los matrimonios sólidos se construyen en esos pequeños momentos que, con el tiempo, se convierten en grandes historias.

3. La desconexión: cuando dejamos de estar presentes

Muchas veces pensamos que una infidelidad comienza cuando aparece una tercera persona. Pero la desconexión puede comenzar mucho antes.

Una conversación que dejamos para después, resentimiento que nunca resolvimos, una intimidad que dejamos de cuidar o una pantalla que comenzó a recibir más atención que nuestro cónyuge.

Poco a poco dejamos de estar conectados, por eso necesitamos ser intencionales. Pueden comenzar con algo tan sencillo como dejar los celulares durante las comidas o establecer un momento del día sin pantallas para conversar.

También necesitamos aprender a resolver los conflictos a tiempo. Efesios 4:26 nos recuerda: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo”. No significa que nunca tendremos diferencias. Significa que no debemos permitir que el resentimiento y la distancia se conviertan en parte permanente de nuestra relación. Perdonar rápido. Hablar rápido. Buscar la conexión.

El antídoto: la honra

Si el desprecio, la indiferencia y la desconexión son enemigos silenciosos, la honra es uno de los grandes antídotos que podemos cultivar en nuestro matrimonio.

Romanos 12:10 dice: “Ámense los unos a los otros con amor fraternal en cuanto a honra, prefiriéndose los unos a los otros”.

La honra requiere intención. Es decidir mirar más allá de las fallas y recordar que estamos compartiendo la vida con alguien que merece ser tratado con amor y dignidad.

Honrar es decir: “Gracias por todo lo que haces”, “Estoy orgulloso de ti” o “Me encanta compartir mi vida contigo”. Los matrimonios perfectos no son los que nunca tienen conflictos, son aquellos donde la honra pesa más que la crítica

Notas del episodio

Lo que más destruye un matrimonio no es la infidelidad

Si el desprecio, la indiferencia y la desconexión son enemigos silenciosos, la honra es uno de los grandes antídotos que podemos cultivar en nuestra relación. Los matrimonios perfectos no son los que nunca tienen conflictos, son aquellos donde la honra pesa más que la crítica

Preguntas para conversar en pareja
  1. ¿En cuál de estos tres enemigos sentimos que debemos trabajar más: desprecio, indiferencia o desconexión?
  2. ¿Qué podemos comenzar a hacer esta semana para volver a conectar?
Un reto para fortalecer tu matrimonio

Queremos dejarte un reto muy sencillo. Toma una hoja de papel o escribe un mensaje y responde estas tres preguntas:

  1. ¿Qué admiro de mi esposo o de mi esposa?
  2. ¿Por qué estoy agradecido o agradecida con él o ella?
  3. ¿Qué es aquello que todavía hace que mi corazón se emocione por esta persona?

Versículos

Proverbios 18:21 

Efesios 4:26 

Romanos 12:10



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